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Día de la Ciencia

Einstein decía que es más difícil desintegrar un prejuicio que un átomo. Desde Repsol en Acción y Fundación Repsol quisimos desmontar un prejuicio muy arraigado en los niños: la ciencia es aburrida. Para conseguirlo, los invitamos a disfrutar del Día de la Ciencia, el pasado 11 de febrero, en Casa de América, Madrid. Una fecha especial, ya que se conmemoraba el día internacional de la mujer en la ciencia.

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 Guadalupe Sabio.

Fundación IDEAM y CNIC

La mañana comenzó cogiendo fuerzas con un desayuno en una bonita terraza acristalada de Casa de América. Tras lo cual, en el Auditorio Gabriela Mistral, David Fernández de Heredia, Subdirector de Relación con Accionistas, y Gonzalo Vázquez, Subdirector de Proyectos institucionales y culturales de Fundación Repsol, fueron los encargados de presentar el evento. Para ello, contaron con la importante colaboración de las niñas Carla y Julia.

Colaboraron Casa de América, Fundación Atapuerca, Fundación IDEAM y CNIC

A continuación, era el turno para que algunos de los mejores científicos españoles, con los que Fundación Repsol colabora, transmitieran con sencillez a los más pequeños su pasión por la ciencia y cómo trabajan. En primer lugar, Fundación IDEAM y CNIC y Guadalupe Sabio, investigadora de la misma, premio Príncipe de Girona de la Ciencia y premio Estrella de la Comunidad de Madrid. Guadalupe contó a los niños qué supone la ciencia como estilo de vida y dedicar gran parte de tu tiempo a investigar en un laboratorio, como el Pasteur o el Marie Curie, graves enfermedades para que algún día podamos evitarlas.   

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Jesús Sánchez Ruiz.

Guadalupe estuvo muy bien acompañada por sus compañeros Alfonso Corral y Jesús Sánchez Ruiz, quienes contaron a los niños la importancia de las vacunas, para finalizar con un entretenido experimento.

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Alfonso Corral.

¿De dónde venimos?

Apasionante fue para los niños el viaje que Ignacio Martínez Mendizábal les propuso. Este biólogo y arqueólogo comparte su tiempo entre las clases de la Universidad y las excavaciones, y ha recibido, junto con el equipo de Atapuerca, el premio Príncipe de Asturias de Investigación.

De su mano, los pequeños recorrieron ese viaje que nos explica de dónde venimos, desde el mono a nosotros. Un viaje lleno de catástrofes, de amor, de odio, de héroes, de fieras… Muchas de ellas están en una montaña de Burgos, en Atapuerca, e Ignacio les explicó cómo llegan con su equipo de arqueólogos a las entrañas de la roca, testigo único de lo que allí sucedió. Como Indiana o como Lara Croft.

El evento sirvió además para contar a los accionistas por qué estamos orgullosos de dedicar una pequeña parte de su dinero como inversores, a través de Fundación Repsol, a colaborar con entidades como Casa de América, Fundación IDEAM y CNIC o Fundación Atapuerca, para que sigan trabajando en la ciencia y en la cultura.

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Ignacio Martínez Mendizábal.

 

La primera historia de amor

Los niños se sorprendieron con el primer acto de amor de la humanidad. Ignacio les contó que hace 530.000 años, en el pleistoceno medio, nació una niña con deformidad en su cráneo y seguramente con muchas dificultades físicas. Ellos lo saben porque encontraron sus huesos en Atapuerca y la llamaron Benjamina, “la más querida”, “la que se sienta a la derecha”.

Benjamina vivió hasta los 12 años y, para llegar a esa edad, necesitó cuidados y atención permanente. Antes de Benjamina, las evidencias indican que los recién nacidos con casos de discapacidad eran abandonados a las fieras como un mecanismo de supervivencia del grupo. Pero ella recibió cuidados y, cuando falleció, se produjo la muestra más grande de ese amor: su cuerpo fue depositado en una fosa con una piedra en forma de corazón.