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Una vida en la mar

 


Ilustración: RICARDO POLO

Dicen que un marinero siempre añora la mar. Quizás por eso Idoia siempre busca ponerse de cara a los cristales, esté donde esté, como si aún vigilara la proa desde el puente de un barco. O todavía se le iluminan los ojos cuando recuerda los miles de cielos estrellados que saboreó y guarda en su retina otros tantos amaneceres y atardeceres. Esta bilbaína no sabía que la mar la enamoraría así cuando aún adolescente buscó una profesión para su futuro. En 1979 permitieron a las mujeres estudiar náutica en España y, un año después, Idoia ingresó en la escuela naval de Portugalete. En su curso, eran tres mujeres y 125 hombres, en un mundo que aún les pertenecía a ellos. “Quería conocer mundo, viajar, disfrutar de los cielos cuando estaba navegando en el puente”, nos cuenta. Y vaya si lo consiguió.

17 años en Campsa

Se subió a un barco por primera vez en junio de 1983. Primero como alumna, después como piloto de segunda, luego de primera y, finalmente, se convirtió en la primera mujer en navegar como capitán de la Marina Mercante española. Toda su carrera en la mar la hizo en Campsa, posteriormente llamada CLH, transportando crudos, gasolinas, gasoil y naftas por toda Europa y norte de África. “De mi trabajo lo que más me motivaba era preparar un plan de viaje a un puerto en el que nunca había estado antes o cuando teníamos que transportar segregados varios productos para diferentes puertos”. Admite que “era muy feliz”, aunque la mar exige sacrificios. “Renuncié a tener hijos porque consideré que no era compatible con nueve meses de embarque al año y los novios al final me iban dejando”, recuerda con una sonrisa. ¿Una elección difícil? “Puede parecerlo, pero no lo fue para mí, porque estaba haciendo lo que me gustaba”.

Cumple 17 años en el departamento de Vetting de Repsol, tantos como antes surcó los mares

 Años en Repsol

En el año 2000 le ofrecieron quedarse en tierra. “La flota de Campsa iba a desaparecer y había una vacante en el departamento de Vetting de Repsol. Desembarqué un sábado en el puerto de Lavera, en Francia, y el lunes estaba trabajando aquí”, explica. Idoia fue inspectora de su departamento hasta 2007, luego jefa y, desde 2009, es Gerente de Vetting y Seguridad y Medio Ambiente de Repsol. La compañía fleta al año cientos de buques con los que realiza más de 1.500 transportes marítimos por todo el mundo; al día, mueve por mar 1.200.000 barriles de crudo y productos petrolíferos. El departamento de Vetting es el encargado de analizar y evaluar cada nave que transporta carga para la compañía, recala en terminales del Grupo o es contratada por algún negocio de Repsol. “La seguridad es una prioridad absoluta para Repsol. Tenemos unos requerimientos que, en algunos aspectos, son más exigentes que las normas locales, nacionales o internacionales. Nuestra función es transversal, porque la supervisión no solo afecta a los grandes buques petroleros, gaseros y de transporte de productos químicos, sino a cualquier embarcación, de todo tipo y tamaño, desde buques de apoyo a operaciones offshore, remolcadores o buques de suministro a embarcaciones fluviales”, explica Idoia. Para ello, el departamento de Vetting cuenta con inspectores locales en las principales terminales de España —Tarragona, A Coruña, Bilbao y Cartagena— y volantes por todo el mundo. El 1 de octubre cumple años en el departamento de Vetting. Nada menos que 17, tantos como navegó. Ha cambiado el barco por aviones y aeropuertos. Y también su perspectiva: “Ahora sigo yendo a la costa, pero veo del faro a la mar y antes lo hacía del mar al faro”. Habla con pasión de su trabajo, pero sabemos que siempre tendrá nostalgia por navegar. Por ello, queríamos hacerle este pequeño homenaje a Idoia y a todos quienes dedican gran parte de su vida a la mar.