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Cambio climático, un compromiso de todos

El Acuerdo de París es el punto de partida para garantizar la sostenibilidad de nuestro planeta. Revertir la situación en la que nos encontramos depende de cada uno de nosotros. Así lo entendemos desde Repsol y trabajamos para ser parte de la solución.

Antonio López Rodríguez, Gerente de Gestión de Energía y Carbono de Repsol

 

Gracias al CO2 hay vida en nuestro planeta. Parece una incoherencia, pero sin los gases llamados “de efecto invernadero” (GEI) la Tierra sería inhabitable. Una concentración adecuada de los mismos actúa como una pantalla frente a los rayos del sol y retiene parte del calor que emite la superficie terrestre a la atmósfera, liberando el resto. De esta forma, parte del calor generado durante el día se preserva durante la noche; de lo contrario, las temperaturas extremas durante el día y la noche impedirían la vida. El funcionamiento de la naturaleza preservó durante siglos unos niveles de concentración de CO2 equilibrado entre lo que nosotros respiramos, lo que consumen las plantas, las interacciones entre atmósfera y océanos, la respiración de los suelos, etc. Ahora bien, el problema surge cuando el hombre empieza a romper ese equilibrio medioambiental.

En concreto, desde la revolución industrial la concentración de los niveles de GEI en la atmósfera ha aumentado un 30%, desde los 280 ppm (partes por millón) a los casi 400 ppm actuales. La comunidad científica ha concluido que, si las emisiones antropogénicas continúan a este ritmo, la concentración de GEI en la atmósfera provocará un gran impacto sobre el clima y, con ello, eventos naturales cada vez más frecuentes y de mayor magnitud.

Desarrollo y cambio climático

Sin embargo, el mundo necesita cada vez más energía, en la medida que crece su población y se desarrollan todas sus economías. Según Naciones Unidas, 1.100 millones de personas, un 15% de la población global, no tienen acceso a la electricidad y casi 3.000 millones de personas, el 40% de la población global, dependen de usos tradicionales de la biomasa para cocinar.

Ampliar el acceso de la población más desfavorecida a las energías modernas sigue siendo una cuestión prioritaria que requiere una energía justa y de acceso universal. Una energía mejor, más sostenible y compatible con la estabilidad climática del planeta.
La mitigación del cambio climático, al tiempo que se facilita acceso a la energía para apoyar el crecimiento económico, es uno de los desafíos clave de la industria energética. En definitiva, el reto no debe ser solo hacia una energía más limpia. La energía debe ser sostenible, pero también justa y accesible para todos.

Desde la revolución industrial, han aumentado un 30% los niveles de gases de efecto invernadero

 

ACUERDO DE PARÍS: UN ACUERDO FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

  • QUIÉN: 195 países firmantes (194 estados más la Unión Europea).
  • LA CLAVE: 2 ºC. Limitar el aumento de la temperatura media global en menos de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 ºC.

  • EL COMPROMISO NDC. Cada país se compromete voluntariamente a cumplir con sus contribuciones nacionales determinadas (NDC, en inglés).
  • ¿CÓMO?: Alcanzar cuanto antes el máximo de emisiones de gases de efecto invernadero y, a partir de ese momento, reducir rápidamente las emisiones. Cada país deberá comunicar su compromiso de reducción de emisiones cada 5 años desde 2020. Cada país dará cuentas de su contribución a nivel nacional de manera rigurosa y evitando el doble cómputo.
  • FINANCIACIÓN: Fondos de ayuda económica de 100.000 millones $ anuales desde 2020 para los países en vías de desarrollo. A partir de 2025, hay que superar esta cifra, siendo más ambiciosos en la ayuda.
  • PRÓXIMOS PASOS:
    1. Ratificación del Acuerdo antes de abril de 2017.
    2. Entrada en vigor: 30 días después de que los países que lo ratifiquen sumen al menos el 55% del total de emisiones GEI mundiales.
    3. Balances: conferencias cada 5 años para resumir los progresos y fijar los siguientes NDC de cada país, con la obligación de que siempre sean más ambiciosos.
  • FORMA LEGAL: Acuerdo de la ONU legalmente vinculante, pero no en la decisión que lo acompaña, ni en los objetivos nacionales de reducción de emisiones.

  • SANCIONES: No se estipulan sanciones, sí un mecanismo transparente de seguimiento del cumplimiento.

 

El Acuerdo de París

La meta fundamental del Acuerdo de París es que la temperatura global no suba más de 2 ºC respecto a la era pre-industrial. ¿Cómo conseguir esa meta? El Acuerdo es de largo recorrido, porque el problema también lo es. Cada país se compromete voluntariamente a cumplir con sus NDC que le hagan posicionarse en la senda de los 2 ºC. Y, aunque el acuerdo es vinculante, la decisión y los objetivos de cada país son voluntarios (una imposición legal es inviable porque entraría en conflicto con la soberanía de cada país). Eso sí, se contempla que esos objetivos nacionales sean cada vez más ambiciosos, sin dar pasos atrás.

Cada cinco años se resumirán los progresos y se fijarán los siguientes NDC de cada país. ¿Qué pasa con los países que no cumplan sus objetivos? Aunque en el Acuerdo de París no se estipulan sanciones, sí se establece un mecanismo transparente de seguimiento del cumplimiento.

¿Ahora qué?

Para reducir, lo primero que hay que hacer es medir. Y no hacerlo de cualquier manera, sino de manera rigurosa, con criterios uniformes, de calidad y evitando dobles cómputos. Así, como punto de partida se sacará una “foto” precisa de dónde estamos realmente. A partir de aquí, cada cinco años, cada país volverá a hacerse esa “foto” y verá hasta dónde ha llegado en su cumplimiento, siempre sobre medidas reales y homogéneas.  

Por otro lado, el Acuerdo solicita el compromiso de los países para que alcancen su pico máximo de emisiones lo antes posible, para que, a partir de ahí, empiece su descenso.

Es un mensaje destinado a países cuyas economías están creciendo rápidamente, como China o India. Europa ya viene reduciendo sus emisiones de gases de efecto invernadero desde 1990 y Estados Unidos lo hace desde 2005, mientras que se espera que, de seguir el ritmo actual, China alcanzará su pico de emisiones en 2030 e India lo hará posteriormente.

El problema es de ámbito global, y Europa, que representa el 9% de las emisiones globales, necesita la implicación del resto el mundo. Tampoco es un problema solo de China, con más de un 20% de las emisiones, a la que no se le puede negar el derecho a desarrollarse como sociedad y alcanzar cotas de bienestar social que otros países ya han adquirido en el pasado.

Eficiencia e inversión

Hay una máxima muy cierta: la energía más barata es la que no se consume. Ser eficiente a la hora de consumir te permite ahorrar costes y te hace ser más sostenible, por la reducción de emisiones GEI asociada que conlleva.

La eficiencia energética es y será uno de los principales motores de reducción de emisiones GEI y de consumos energéticos. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía estima en aproximadamente un 50% su contribución para la consecución de escenarios energéticos compatibles con la hoja de ruta del Acuerdo de París. Ahora bien, las acciones de reducción de emisiones y de eficiencia energética suponen un importante esfuerzo inversor. Y en mayor medida en los países en desarrollo, para los que su principal prioridad es alcanzar unas cotas de bienestar social razonables. En este sentido, la partida de ayudas en el Acuerdo de París incluye 100.000 millones de dólares anuales desde 2020 para los países en desarrollo. A partir de 2025, habrá que superar este nivel de inversión, siendo más ambiciosos.

Sostenibles y rentables

Es importante que esta eficiencia venga asociada con la rentabilidad. Las compañías, para ser sostenibles, tienen que ser también rentables y competitivas. Es una cuestión de supervivencia.

En Repsol trabajamos para reducir el consumo de energía en nuestros procesos, poniendo en marcha acciones para mejorar su eficiencia energética. La ecuación es simple: si consumimos menos, producimos menos emisiones. Es decir, nuestra meta es medioambiental, pero busca en definitiva disminuir el consumo de energía que, en nuestros grandes complejos industriales, supone más del 60% del gasto operativo total. Vía reducción de la factura energética, estamos incrementando nuestra competitividad.

A través de nuestros Planes de Energía y Carbono, hemos reducido 3,1 millones de toneladas equivalentes de emisiones de CO2 en el periodo 2006-2013.

En este momento, trabajamos en un nuevo Plan para el periodo 2014-2020, en el que nos hemos fijado como objetivo integrado para toda la compañía una reducción de las emisiones de 1,9 millones de toneladas. Para lograr estos objetivos, Repsol necesita del compromiso de toda la organización, reconociendo que no hay esfuerzo pequeño y que todos sumamos en la reducción de nuestro impacto ambiental.
Apostar por la eficiencia energética nos hace una compañía más responsable, más sostenible, pero también más eficiente y competitiva.

plan de energía y carbono 2014-2020: reduciremos las emisiones en 1,9 millones de toneladas de co2

Innovación y sostenibilidad

Finalmente, la innovación y el desarrollo tecnológico juegan un papel fundamental en el impulso de la sostenibilidad energética, aportando mejoras tanto a las energías convencionales como a las nuevas fuentes de energía, facilitando soluciones al mix energético.

El sector del oil & gas, como actor clave y necesario a la hora de garantizar el acceso universal a la energía de forma justa y responsable, está desarrollando soluciones innovadoras en numerosos campos, entre los que destacan:

  1. El impulso de la eficiencia energética en los procesos productivos.
  2. La combinación entre renovables y gas natural para la generación eléctrica, que se muestra como la vía más eficiente para garantizar el suministro y reducir las emisiones de GEI, en contraposición a la actual basada en el carbón. 3) El gran recorrido existente en la mejora de eficiencia del binomio motor/combustible convencional en la movilidad sostenible.

 

INVERSIÓN SOCIALMENTE RESPONSABLE

Repsol trabaja para ser parte de la solución contra el cambio climático desde diferentes ámbitos, con planes y acciones concretas, participando en iniciativas globales y brindando la información transparente que el mercado requiere. En este último punto es importante saber que cada vez son más los grupos de inversores socialmente responsables (ISR, por sus siglas en inglés); es decir, aquellos que en su decisión de inversión tienen en cuenta criterios de buen gobierno, sociales y medioambientales, además de los tradicionales criterios económicos.  

¿El motivo? Además del impacto social y medioambiental, consideran que la inversión socialmente responsable es al menos tan eficiente desde un punto de vista de rentabilidad-riesgo como la inversión tradicional, sino mayor. ¿Por qué? Porque, según los estudios, estas compañías tienen un mejor control de los riesgos a los que se enfrentan en todos los ámbitos y en todas las actividades que desarrollan.